sábado, 27 de mayo de 2017

El cambio climático y las banderas de una ilusión

 Por Miguel Carrillo Bascary

 


El 26 de mayo de 2017 el Grupo de los 7 países más desarrollados del mundo se reunió en la bella Taormina (Italia) para considerar los efectos del calentamiento global; el desarrollo humano y el comercio internacional. Fue uno de los tantos encuentros inspirados en estos motivos que terminó como siempre, con muchas palabras y escasísimos resultados. No debe extrañarnos; sino preocuparnos, despertar nuestra reacción de simples seres humanos ante la miopía de nuestros principales dirigentes políticos y de los grandes grupos económicos, incapaces de consensuar una agenda mundial realista que permita augurar una mayor esperanza a nuestra descendencia.

Como introducción está todo dicho, hoy quiero compartir con ustedes una ilusión, que solo fue una hermosa esperanza. Me hallaba en un café, como tantos, cuando a la comodidad de consumir un desayuno se sumó la lectura del diario de la fecha. En una realidad donde la imagen es todo, lo primero que atrajo mi mirada fue una fotografía donde los líderes del G-7 posaban con el espectacular fondo del paisaje italiano. Detrás de cada uno lucían las banderas de la Unión Europea, acompañando las de Canadá; Alemania; Estados Unidos; Francia; Italia; Japón y el Reino Unido.

Mis ojos entrenados en la apreciación de las banderas se abrieron de asombro ante el verde omnipresente en esa formal fotografía. Dicen que la mente es más rápida que los ojos y lo que percibí, por un instante me hizo alentar la esperanza de que un súbito cambio de actitud manifestada en las banderas de la foto contuvieran un mensaje de unidad que augurara acciones concretas respecto al cambio climático.

Sabemos que el verde es el color de la Naturaleza y que también se lo identifica con la esperanza. Su presencia en todas las banderas que veía fue un flash que literalmente me sacudió. Por su parte, todos los dirigentes llevaban vestiduras, también verdes. Una coincidencia que anunciaba una verdadera opción. Fue entonces que pensé para mi fuero íntimo: qué alegría que los intereses de esas naciones hayan cedido un instante hasta el punto de modificar sus propias banderas y de vestir de verde, como forma de expresar la coincidencia alcanzada para reivindicar el equilibrio ecológico en el marco de las preocupaciones por el desarrollo económico.

Sin embargo, la lectura de la noticia me golpeó fuerte y la desilusión arrasó la expectativa recién nacida. Veamos el titular: “El cambio climático y el comercio muestran la brecha entre Trump y sus socios del G7. Fracasaron los esfuerzos del grupo por convencer a EE.UU. de la necesidad de apoyar el Acuerdo de París”.

Volví a mirar la fotografía ¿podía haberme equivocado? Un análisis más detenido me señaló una anomalía en la bandera alemana que no tenía ningún verde en su paño, mostraba sus franjas en negro, rojo y un inédito rosa; mientras que en la de Francia lucía un pálido violeta reemplazando el azul.

Fue entonces que desperté a la realidad de la ingenuidad de mi sueño, algún error en la composición incidió en la tinta del periódico que transmutó el habitual color que identifica a las banderas del G-7.

Digamos que fue una anomalía cromática causada por un defecto técnico en la gráfica, pero que por un instante me permitió avizorar un porvenir que ojalá puede concretarse, no ya en las banderas, sino en el diseño de las políticas que no solo  necesita, que también demanda la Humanidad entera.

Para cerrar, no sin reiterar mi desilusión les dejo otra foto, la misma pero distinta, la que corresponde a nuestra realidad:







No hay comentarios:

Publicar un comentario