lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Podemos  tremolar una bandera?

Serie: Problemas de Ceremonial

Por Miguel Carrillo Bascary

          El Papa Francisco hace ondear una bandera argentina


Una consulta justificó que sistematizáramos algunas observaciones que hoy compartimos en torno a la posibilidad o no de que las banderas puedan hacerse tremolar en determinadas ocasiones.


Dinámica de las banderas

Para la Física, las banderas son dispositivos aerodinámicos. Más precisamente, la bandera es un elemento textil ligero cuya propiedad dinámica es tremolar por efecto del aire que corre por ambos lados de su superficie haciendo que el paño forme ondas desde el lado de la driza hacia el otro extremo, el vuelo.
Este verbo “tremolar” deriva del latín vulgar: “tremolare”; temblar. En lengua española, admite como sinónimos: ondear; ondular; flotar y flamear. También remite a: mecer; sacudir y agitar.
En inglés se utiliza la expresión “to flutter” y también: “to wave” o “swing the flag”.

Si consideramos a una bandera también es un elemento identificador formado por un paño que porta un emblema o que cuenta con una determinada composición de colores y figuras, es obvio que cumplirá su función cuando se exhibe desde una posición adecuada para ser visto. De allí, que generalmente se enarbola o iza una bandera en un punto destacado para lo cuál se utiliza un mástil.

Cuando se necesita trasladar una bandera, es lógico prescindir del mástil y que en su lugar se emplee un elemento portátil de similares características pero de pequeñas dimensiones, que en español se denomina “asta” o también “lanza”, pues en la Antigüedad se adaptaban estas armas para transportar una enseña.

A falta de brisa suficiente y para que la enseña pueda cumplir su función será el abanderado quién genere el impulso dinámico necesario para que el paño se despliegue y muestre su diseño. Para esto se sirve del asta como brazo de palanca; en un extremo se fija la bandera, y en el otro se aplica la fuerza con los brazos podrá hacerla ondear; tremolar; flamear.


Lo que el Ceremonial aporta

Esta disciplina considera muy particularmente a todo tipo de vexilos en diferentes circunstancias, lo que permite hacer una significativa distinción:

I. Si se trata de una ceremonia formal, el abanderado llevará su bandera con solemnidad, adoptando posiciones predeterminadas, conforme a circunstancias tipificadas. Cada una tiene su significado en el imaginario social. La más solemne implicará que la enseña se coloque en la cuja; para hacerla lo más visible posible. Si el portador permanece estático la bandera la enseña se coloca a su derecha, el lado de honor. Cuando el abanderado marcha el ceremonial vexilológico internacional distingue varias posiciones:
a) desplegado al viento;
b) parcialmente descubierto, sobre el paño;
c) con el asta proyectada hacia delante y el paño cayendo desde ella; y
d) pendiente, por detrás del hombro (una posición difundida en los estados eslavos, pero que no se admite ni en América ni en la mayor parte de Europa.

II. Para las ocasiones desprovistas de formalidad no hay reglas rigurosas. Las limitaciones que podemos señalar son: que el paño no toque el piso; ni el agua; ni una pared; mucho menos que arrasque sobre el suelo. El paño tampoco debe tomarse ostensiblemente con las manos.
Es en estas circunstancias que por acción de su portador la bandera se asocia naturalmente al ambiente que reina en la comunidad. Las ocasiones de júbilo popular determinan que las banderas sean impulsadas con entusiasmo. En los momentos alegres, pero de menor intensidad, el tremolar tendrá similares características.
Es que las banderas son objetos culturales y por eso participan abiertamente de las sensaciones que imperan en la sociedad que las emplea.

  
El marco legal

Hay países que tienen un riguroso ceremonial para las banderas; en tal caso habrá que consultar la normativa para analizar si existe alguna prohibición de hacer flamear una enseña.
En otros, como en Argentina, las normas sobre Ceremonial disponen sobre la forma de llevar una bandera en ocasiones solemnes: militares; cívicas y escolares; fuera de ellas no prohíbe el tremolar. En consecuencia, a falta de una prohibición expresa, es razonable que pueda hacerse flamear, mientras se lo haga con respeto y se atienda a las condiciones que puntualizamos más arriba.


Siempre habrá objeciones

Algunas tradiciones extremadamente conservadoras; eminentemente formalistas caracterizan a ciertas banderas (particularmente las nacionales) como al estado mismo: inmutable; rígido; sin emociones; conceptualizándolas como símbolos inalcanzables; elementos dotados de religiosidad cívica; impersonales; escindidos de sus pueblos.
Es obvio que para quienes así piensen, el Ceremonial se transforma en un rito estereotipado donde la forma de emplear; exhibir y evolucionar de las banderas solo deben atenerse a un marco de regulaciones precisas; donde toda dinámica o espontaneidad se considera una infracción susceptible de reproche.

No está mal; pero reiteramos, las formalidades deben reservarse para las ocasiones solemnes y las ceremonias oficiales

Afortunadamente, el moderno Ceremonial cívico y la Vexilología consagran que las banderas como producto social enraízan en los sentimientos y emociones populares; por lo que su uso en ocasiones desprovistas de formalidad admiten lo espontáneo. Tal como lo vimos en líneas anteriores.
En ciertas regiones el tremolar de banderas en fechas u ocasiones de regocijo popular es una tradición muy arraigada, particularmente en España. América, su heredera cultural ha desarrollado costumbres similares.


La consulta en cuestión

En consecuencia consideramos que; en un evento cultural como representaciones teatrales; danzas; ceremonias deportivas; desfiles  festivos y similares, un abanderado puede hacer ondear o tremolar la bandera que porta cuando quiere destacarla ante los observadores; como forma de trasmitir una emoción; como expresión de vigencia de los valores que encarna; y otros propósitos similares.


Referencia de trascendencia

La consulta que motivó este blog hacía específica referencia a la posibilidad de hacer tremolar la “Bandera Nacional de la Libertad Civil”, la segunda enseña argentina desde la sanción de la ley nº27.134 que la reconoció como símbolo histórico de este país.

Recordamos aquí que la misma fue entregada en mayo de 1813 al pueblo de Jujuy como testimonio de su heroicidad en las jornadas del Éxodo y de las batallas de Tucumán y Salta, por el propio general Manuel Belgrano, a quién se acepta como creador de la bandera nacional argentina. Las circunstancias de su creación y su carácter popular justifican ampliamente que pueda asociarse a las ocasiones festivas.

Por lo tanto: es factible que la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” pueda hacerse tremolar en ocasiones festivas; en eventos de naturaleza cultural o en momentos de regocijo popular.

Como evidencia de lo expuesto cabe citar que el 23 de agosto de 2015, en la memorable jornada donde por primera vez se presentó la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” ya reconocida como “símbolo patrio histórico” al pueblo de Jujuy, en ocasión del desfile cívico- militar conmemorativo del Éxodo, la enseña fue tremolada desde el propio palco oficial en manos del presidente de la “Asociación Gaucha Jujeña”, Gabriel Alemán, en presencia del entonces gobernador de Jujuy y del resto de autoridades nacionales, provinciales y representantes de fuerzas vivas; mientras que más de tres mil gauchos se aprestaban a realizar su pasada y cantidad de público asistía emocionado al histórico momento.



Justificación explícita

Las observaciones que compartimos descansan en la experiencia cotidiana que puede ejemplificarse con cientos de fotografías obtenidas en Internet/ Instagram. Las que siguen corresponden a celebraciones españolas.




Posiblemente el ejemplo más conocido del tremolar de banderas resulta de la centenaria carrera del “Palio” en Siena (Italia), donde, incluso los “sbandieratori” (abanderados) arrojan al aire las banderas de las “contradas” (subdivisiones urbanas), para recogerlas con gran habilidad antes de que toquen el piso; también con ellas realizan un espectáculo prodigioso, donde son protagonistas esenciales. La costumbre se replica en numerosas localidades de Italia.
  





También en el interior de Argentina se acostumbra que los tradicionalistas hagan tremolar sus banderas cuando desfilan en celebraciones populares, como vemos en la fotografía superior.

        En Bolivia la wilphala tiene un uso popular muy difundido y como tal se la emplea en todo tipo de fiestas folklóricas y regionales.

Los triunfos deportivos hacen proclive a mostrar las banderas nacionales asociadas al entusiasmo popular, sin mengua del respeto que merecen como emblemas del Estado. 


Las Olimpíadas

Pero posiblemente sea en los Juegos Olímpicos donde se pueda verificar la aceptación universal del tremolar de banderas; tanto en los desfiles de presentación como de cierre. Téngase especialmente en cuenta que las delegaciones poseen carácter oficial, representan a los diferentes estados; una suerte de enviados diplomáticos “sui generis”.
Algo similar ocurre cuando se celebran grandes triunfos de deportistas argentinos en el extranjero.

Con las siguientes fotografías se demuestra fuera de toda duda la aceptación de que goza la posición sustentada en el presente post. Todas ellas corresponden a la delegación oficial Argentina. Sus abanderados son elegidos por el Comité Olímpico Argentino, de entre los deportistas más destacados de la Nación.

Río de Janeiro 2016: Luis Scola (Báquet)

Londres 2012: Luciana Aymar (Hockey)



Beijing 2008: Emanuel Ginóbili (Básquet)

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