Historia y presente
Me honro en presentar la colaboración que solicité a
su distinguido autor, en el
entendimiento del interés deel tema que puede revestir para los lectores de este Blog.
Considerando que muchos de ellos no son de nacionalidad argentina, les brindo una mínima información sobre la ciudad de Córdoba[1], capital de la provincia de su nombre y segunda en población de la República Argentina.
Miguel Carrillo Bascary
LA CIUDAD Y SU ESCUDO
Por Prudencio
Bustos Argañarás (*)
El 5 de julio de 1573 el gobernador don Jerónimo Luis
de Cabrera emitió un auto[2]
anunciando su decisión de fundar una nueva ciudad en el sitio “que en la lengua destos indios se llama
Quiquisacate”, a orillas del río “que
los naturales llaman de Suquía” y que él nombró de San Juan, por entender
que era:
“… el sitio más conveniente que ha hallado para
ello (…) e haber en el dicho asiento
las cosas necesarias y bastantes e suficientes que han de tener las ciudades
que en nombre de Su Majestad se fundan”.
Al día siguiente por la
mañana tuvo lugar la ceremonia de la fundación. Siguiendo el ritual que las
costumbres exigían, mandó clavar un árbol con tres gajos, sin ramas ni hojas,
señalando el lugar en donde estaría la plaza. Era el rollo o picota, en el que
se ejecutaría a los condenados a muerte. Luego echó mano a la espada y cortó
ramas de un sauce, trasladándolas de un sitio a otro, en señal de posesión,
mientras preguntaba en voz alta si había alguien que lo contradijera.
La ciudad fue llamada
simplemente Córdoba, sin que hasta hoy pueda saberse a ciencia cierta la razón
de su elección. Algunos historiadores sospechan que fue un homenaje a la ciudad
de donde era originaria la familia de su suegra, que poseía en la Córdoba
andaluza[3]
cuatro mayorazgos. A las provincias –esto es a la región– las llamó de la Nueva
Andalucía, por lo que durante mucho tiempo la ciudad fue nombrada a menudo como
Córdoba de la Nueva Andalucía o Córdoba del Tucumán, para distinguirla de su
homónima española.
Luego de otorgarle todas
las franquezas, mercedes y libertades de que gozaba la ciudad de que tomó el
nombre y las de Lima y Cuzco, le señaló su escudo de armas[4],
consistente en:
“… un castillo con siete banderas puestas en lo
alto del y al pie del dicho castillo dos ríos caudales puestos el uno delante
del otro, como aquí están señaladas”.
Efectivamente, al pie de
la hoja aparece el dibujo, presumiblemente ejecutado por el escribano Francisco
de Torres, flanqueado por la firma de este y la de Cabrera.
Consta que el primer
estandarte con dichas armas fue confeccionado en tafetán, y en 1592 fue
sustituido por otro de damasco carmesí, y seda carmesí y amarilla para los
flecos y las borlas. Fiel a la disposición del Fundador, la ciudad continuó
usando dichas armas en forma ininterrumpida hasta hoy, lo que la convierte en
la única de las ciudades argentinas del siglo XVI que conserva su blasón
primitivo.
Pero la fundación de
Cabrera no se limitó a una ciudad, en el sentido restringido de planta urbana,
sino que puede con certeza afirmarse que fundó la Provincia de Córdoba, aun
cuando sus límites no eran los actuales, sino que los excedían holgadamente.
Por esa razón, al constituirse en 1783 la provincia de Córdoba del Tucumán[5]
–que además de la nuestra abarcaba las actuales de La Rioja, Mendoza, San Juan
y San Luis– adoptó como armas las mismas que le diera el Fundador, las que por
cierto también continuó usando la ciudad propiamente dicha[6].
La eliminación de los
cabildos existentes en la Provincia, dispuesta el 30 de diciembre de 1824, hizo
desaparecer el órgano de gobierno urbano, situación que se mantuvo hasta el 3
de setiembre de 1856, fecha en que tuvo sanción la ley que restableció el régimen
municipal[7].
En su virtud, el 9 de julio del año siguiente tuvo lugar la creación de la
Municipalidad de Córdoba que, obviamente, mantuvo como símbolo heráldico el
viejo escudo de la fundación.
Si bien los elementos
contenidos en él continuaron siendo los mismos, en el siglo XIX se introdujeron
numerosas variantes[8],
algunas de poca importancia, como que dos de las banderas laterales salen del
campo del escudo, además de la superior, tal el caso de unas antiguas sillas de
madera labrada que hay en el Palacio Municipal, como aquí se muestra:
En otros casos los cambios se operaron en sus dimensiones relativas y en su contorno. Así el castillo devino donjonado, es decir que adquirió tres torres almenadas, las banderas alcanzaron un tamaño desmesurado y los ríos se eliminaron o se dibujaron de manera caprichosa. Además, aparecieron nuevos elementos que nada tenían que ver con la versión original, tales como diversas orlas y adornos exteriores y hasta dos pirámides laterales formadas por balas de cañón.
Para solucionar tal
anarquía, el gobernador Ramón J. Cárcano[9]
encomendó a don Luis H. Novillo[10],
el 24 de mayo de 1925, un estudio sobre el origen y la autenticidad del escudo
que la Provincia estaba usando. En su informe, fechado el 16 de julio
siguiente, Novillo propuso adoptar una forma definitiva, con algunas
variaciones respecto al original, y darle colores, que hasta el momento no
tenía. Fundado en él, ocho días más tarde Cárcano suscribió un decreto[11]
estableciendo el escudo de armas “originario y actual” de la Provincia de la
siguiente manera:
“En un campo de gules, (rojo) aparecerá un
castillo de piedras sillares, con tres torres, cuatro almenas, una puerta y dos
ventanas abiertas que permitan ver por ellas el campo del escudo. Sobre los
costados laterales del castillo se colocarán seis banderas argentinas, y una en
lo alto de la torre de homenaje, pero siempre dentro del campo del escudo. Al
pie del castillo correrán dos ríos caudales de color azul, ubicados el uno
delante del otro en un campo verde.”
El 27 de julio de 1932, la
Legislatura lo convalidó, mediante la Ley Nº3.571, cuyo artículo 1o declara que:
“… el escudo de armas de la Provincia es el
adoptado por decreto del P.E., fecha 24 de julio de 1925, y el único que podrá
colocarse al frente de los edificios y reparticiones públicas, y usarse en los
timbres, membretes y sellos oficiales.”
La Municipalidad resolvió
adoptar también un modelo uniforme de las armas de la ciudad y darle sus
propios colores, para lo que el 6 de noviembre de 1954, el intendente Martín
Federico[12]
encargó la realización de un estudio al Dr. Carlos Luque Colombres[13].
Su meduloso análisis sirvió de base para que el Departamento Ejecutivo dictara,
el 9 de junio de 1955, el Decreto Nº4.112 serie B, que en su parte resolutiva
disponía la adopción por parte de la Municipalidad, “para su uso oficial en todos los casos que sea menester”, el escudo
siguiente:
“En campo de oro un castillo redondo de piedra de su
color, con una sola torre y sin almenas, sobre dos ríos caudales de azur (azul)
y a cada lado del castillo, tres banderas nacionales de dos puntas. A manera de
timbre, una bandera nacional de dos puntas, asta de oro, cuyo hierro de color
natural surge del interior del escudo y se apoya en la torre del castillo”.
El 18 de noviembre de 1993
el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanza Nº9.041 que, ratificando las
disposiciones ya existentes, instituyó dicho escudo como “símbolo oficial y de uso obligatorio” para la Municipalidad,
reproduciendo la descripción del decreto de 1955. En su artículo 3° dispone que:
“Será de uso obligatorio el Escudo en toda
papelería, publicidad, bienes y efectos que pertenezcan o se encuentren al
servicio del Municipio.”
Sin embargo, el intendente
Rubén Martí[14]
vetó parcialmente dicha ordenanza mediante el Decreto N°2.205, serie A,
excluyendo de su texto el artículo 3°, alegando que la disposición en él
contenida “sería impracticable”, por
tratarse de una “norma de difícil
cumplimiento”, llegando al extremo de sustentar el increíble argumento de
que el uso del escudo “podría atentar
sobre la jerarquía del fuerte simbolismo que encierra”.
Compensando tan absurdo
veto, la Convención Municipal Constituyente de 1995 introdujo en la Carta
Orgánica el artículo 5°, que establece claramente que:
“… el Escudo, símbolo que identifica a la ciudad desde su fundación, es de uso obligatorio en toda documentación, papeles oficiales, sellos, vehículos afectados al uso público y en el frente de los edificios municipales”.
Notas:
(*) Médico. Historiador. Senador (m.c.) y diputado. Presidente de la "Academia Argentina de Genealogía y Heráldica"
[2] El término auto está usando en sentido amplio, como sinónimo de una
providencia o resolución dictada, en este caso por el funcionario que se
menciona.
Un auto es una resolución emitida por
un tribunal de Justicia en el curso de un proceso, por lo que no implica una
sentencia que pone fin a la instancia.
[3] Se considera que fue fundada por Roma, a mediados del siglo II a. C.,
integra la Comunidad Autónoma de Andalucía, España.
[4] Era privilegio de los fundadores dotar de un blasón a la ciudad que
dejaban establecida por merced del monarca.
[5] Fue en el marco institucional del Virreinato del Río de la Plata, creado
en 1776.
[6] En Argentina, las provincias son partes integrantes de la federación,
que es su forma de estado. Esto implica que gozan de un amplísimo grado de
autonomía propia. De hecho, la mayoría de los territorios que corresponde a
estas provincias provienen de la jurisdicción que se asignaron a los cabildos
(forma de gobierno municipal hispana) cuando se fundaron las ciudades que los
tuvieron como autoridad local. En consecuencia, estas provincias antecedieron
en el tiempo al Estado Nacional que se constituyó recién en 1853 cuando sus
delegados –excepto la representación de Buenos Aires–, reunidos en congreso,
dictaron la primera Constitución, el 1º de mayo de 1853. Así resulta particularmente
del texto de su Preámbulo.
[7] Fue una de las condiciones que impuso la Constitución Nacional a las
provincias, según su actual artículo 5º.
[8] Tanto Argentina como sus provincias evidenciaron una normatividad
azarosa en cuanto a la definición de sus símbolos.
[9] Nacido en Córdoba en 1860 y fallecido en Buenos Aires, en 1946. Fue gobernador
de Córdoba de 1913 a 1916 y de 1925 a 1928. Fue legislador, historiador y
docente universitario, entre otros antecedentes de relevancia.
[10] Prestigioso heraldista, además de coleccionista y político.
[11] Decreto N°15.025, del 24 de julio de 1925,
[12] Pergamino, 1912 - Córdoba, 1993. Intendente de Córdoba entre 1951 y
1954.
[13] Córdoba, 1909-1994. Destacado abogado, historiador, genealogista y
heraldista.
[14] Córdoba, 1941- 2013. Desempeñó la intendencia de Córdoba entre 1991 y
1999, con reelección.










%201901.png)















