lunes, 28 de agosto de 2017

Carlos De Sanctis, una vida apasionada 
A 60 años de la inauguración del Monumento a la Bandera

Por Miguel Carrillo Bascary




Curso sus estudios en el Colegio Nacional 1. Obtuvo su diploma de médico cirujano en la Universidad de Bs. Aires. Ya graduado volvió a Rosario para ejercer su profesión. Fue uno de los fundadores del Senatorio "San Martín", tal designación fue un evidente homenaje al prócer por el que De Sanctis tenía verdadera veneración.

Esto se puso de relieve también en la fundación del “Club Hipico Gral. San Martín”, creado para fomentar un deporte del que era asiduo cultor; en tal sentido auspició entusiastamente la marcha a caballo Rosario - Asunción. Más tarde organizó el cruce de la cordillera de los Andes utilizando equinos criados en Rosario, cumpliendo el trayecto Mendoza – Viña del Mar – Valparaíso en solo siete días, una verdadera proeza.

Fue un activo difusor de la epopeya sanmartiniana y de la personalidad del Libertador, actividad que canalizó en innumerables conferencias; folletos editados de su peculio y actos en diversos lugares del país; en este carácter contribuyó a formar la filial Rosario del “Instituto Nacional Sanmartiniano”.

Extendió sus investigaciones abarcando la historia de la ciudad en diversos aspectos y procuró afianzar el recuerdo del abanderado Mariano Grandoli, verdadero héroe nacido en Rosario que ofrendó su vida durante la “Guerra de la Triple Alianza”.

Buscó devolver a la sociedad su agradecimiento por la formación profesional recibida y lo hizo desde la cátedra de “Clínica Quirúrgica” que desempeñó en la Facultad de Cs. Médicas de Rosario.

Cumplió su servicio militar obligatorio en el Regimiento 11 de Infantería entonces con sede en Rosario, donde parece haberse imbuido del espíritu de entrega de los cirujanos castrenses; ya que luego revistó en el cuerpo médico de la “Guardia Nacional”, lo que hoy llamaríamos la “reserva” de nuestras Fuerzas Armadas. 

Durante la “Guerra del Chaco”, entre Bolivia y el Paraguay, se alistó como médico voluntario en el ejército paraguayo; por lo que al finalizar recibió por sus abnegados servicios la “Cruz del Mérito”, además de otras distinciones. Durante la campaña actuó como corresponsal de guerra para el diario “La Capital”. Presentamos dos fotografías donde vemos a De Sanctis con atuendo médico (a la izquierda) y con uniforme de capitán (en el centro).




Pero donde quedaron plasmados sus mejores esfuerzos fue desde su cargo de secretario de la Comisión Ejecutiva del Monumento a la Bandera.

Aquejado por su última enfermedad no pudo estar presente en su grandiosa inauguración, ocurrida el 20 de junio de 1957. Su vida se apagó el 4 de julio de ese mismo año.

Sin embargo dejó dos legados personales que los rosarinos debemos agradecer; un folleto donde se referencia el significado de cada uno de los elementos artísticos y arquitectónicos del Monumento, ampliamente difundido en 1957 y reeditado por la Municipalidad de Rosario en el año 2000.


El otro fue el memorial dedicado a los autores del Himno nacional, ubicado sobre el pasaje “Batería Libertad”, entre el Monumento y la Estación Fluvial que recientemente fue puesto en valor por la Municipalidad de Rosario hace más de 




Es que De Sanctis entendía que así como la Bandera mereció su monumento, también correspondía hacer lo propio con otro de nuestros símbolos nacionales, el Himno. El pedestal lleva labrado en mármol travertino el perfil del maestro Blas Parera; lo corona un busto en bronce de Vicente López y Planes, todo es obra de Eduardo Barnes.

Una placa discreta placa en el lateral señala: “A mi ciudad, una voluntad del Dr. Carlos De Sanctis cumplida por sus herederos. Rosario – diciembre 1957.

Había nacido el 13 de agosto del año 1900. Fue hijo de José De Sanctis, uno de los primeros escribanos de la ciudad, italiano.


Para ampliar:



Nota: el presente post que busca reseñar aquellas personas que participaron en la historia del Monumento a la Bandera, es parte del desarrollo del Programa Rosario Cuna de la Bandera y ciudad de la inclusión", de la Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario


domingo, 27 de agosto de 2017

Marcos Paz en Rosario y una destacada obra de espíritu  belgraniano

Por Miguel Carrillo Bascary



Hace pocos días visitó a Rosario una nutrida delegación de alumnos de la ciudad de Marcos Paz (provincia de Bs. Aires) para prestar promesa a la Bandera en el Monumento Nacional que recuerda su creación. Cumplieron así en este significativo marco de referencia con la misma promesa que cada año realizan niños llegados desde Fiambalá, Caleta Olivia; Neuquén; Goya; la Capital Federal y de tantas otras localidades del país.

Esa fue la oportunidad para que me alcanzaran el libro “Bicentenario de la Declaración de la Independencia” (112 páginas – 2016) producido por el Instituto Belgraniano de Marcos Paz que preside la profesora Cristina Carreras, miembro correspondiente del Instituto Nacional.

Es una exquisita obra de difusión belgraniana que en pocas páginas recorre los primeros años de nuestra formación histórica como nación independiente, pasando revista a un núcleo de sus principales protagonistas; donde, con toda lógica, el general Belgrano goza de especial predilección. También hay espacio para reseñar la historia y significado de nuestro nuevo símbolo nacional la “Bandera de la Libertad Civil” y para referirse a los festejos que tuvieron lugar en esa localidad cuando los 150 y los 200 años de la Independencia,  

Su lenguaje directo y amigable invita a leer, con provecho y satisfacción. El formato comunicacional de la publicación lo singulariza como un producto digno de emulación por parte de entidades similares, si desean verdaderamente facilitar el acceso del gran pública a nuestra apasionante Historia nacional.

El producir un blog permite incorporar aportes de otros autores que subjetivamente nos parecen dignos de difusión. En lo particular lo hacemos con mucho gusto con la breve colaboración del profesor Carlos Miranda, vocal de la entidad, contenida en la obra comentada, que nos despierta remembranzas entrañables. Vamos a ella:


“La Escuela y la Patria”

Hacer el ejercicio de tratar de recordar en qué momento de nuestra vida aflora ese extraño sentimiento que denominamos “patriotismo” es realmente difícil, por no decir casi imposible. Más, seguramente no será producto este sentimiento de un solo momento, sino más bien la condición generada por innumerables acontecimientos a lo largo de nuestra existencia que acumulativamente determinaron esa rara y particular devoción por la tierra en la que nacimos, donde descansan los restos de nuestros ancestros y donde han nacido nuestros hijos.

Los primeros recuerdos de la palabra “patria” nos trasladan a la escuela y es sin duda al culto casi místico del panteón de héroes del pasado lejano y de sus obras, que están llenas de entrega desinteresada, de esfuerzos denodados y de sacrificios personales en pos del bien común. Como los hechos son de antaño, es la búsqueda de nuestro bien común, pero en pretérito.

El entender que lo dieron todo por nosotros, aun antes de existir como personas físicas, nos pone en el lugar de reconocer que somos parte de eso que fue definido, “nuestra patria” y que luego existimos como tal por el sacrificio por ellos realizado, aunque nos cueste tiempo descubrirlo.

Conocemos antes que los límites de nuestra geografía maravillosa, plasmados en esos apergaminados mapas del Virreinato, la Confederación o la Republica Argentina; la otra geografía, la del Cabildo, con sus arcos y su torre; la de la “Casa de la Independencia”, con sus paredes amarillas y aberturas verdes, que no lo son; la de la Cordillera, arañada por el ciclópeo esfuerzo de un hombre, su tropa y un sueño y de las riberas de ese río que vio ondear orgullosa la tela de nuestra Bandera. Todas imágenes repetidas hasta el infinito en las aulas de nuestras escuelas antes aún de saber leer su historia o de escribir sus nombres.

Todo eso pasaba en la escuela, como esa a la que asistí en mi infancia; que no era distinta a aquella al pie de la sierra o en la estepa o cercana a la selva que va dejando lugar al yerbatal o en los barrios de la Ciudad que expulsó a los ingleses; con pocos o muchos alumnos; con patio de tierra y galería de teja o con escalones que la acercaban al cielo.  Aparece el mismo acto que se repite imperturbable: las banderas, el Himno, la escarapela, las palabras pobladas de hechos, fechas y hombres y, después, la risa. Los rostros morenos y los otros, de los hijos de los gringos que llegaron después, todos con sus mejores ropitas, peinados el lacio a la cachetada, los ojos abiertos al pasado que nos abraza uniéndonos para siempre.

Estos actos son el intento de trasmitir corporizando las hazañas y los hombres, el hacer se vuelve protagonista y desfilamos por patios y escenarios disfrazados según el calendario dicte: de mazamorrera, de vendedor de empanadas, de Manuel Belgrano, San Martín o Sarmiento; repartimos cintas ante un Cabildo de papel; traqueteamos ese viaje a la ignota Tucumán en galeras de cartón y, antes, hasta llegábamos en barco desde España; otras épocas. La escuela se convertía en teatro de la Historia a la que concurrían todos, los más grandes y los jóvenes, los leídos y los analfabetos, para asistir a la ceremonia mágica de recontar nuestro pasado, entre las risas provocada por la impericia de los púberes actores y la ternura de los más pequeños, que sabían arrancar más de una lágrima. Nuestra Historia se escribe en esa pizarra prodigiosa, una y otra vez, en muestra mente y en nuestros corazones extasiados ante el bronce de las estatuas ecuestres que se repiten, de bustos y mármoles; de desfiles y clarines; de chaquetas gallardas y doradas charreteras; de himnos y marchas … de actos sublimes y profundamente humanos.

Seguramente otras impresiones llegaran más tarde a nuestras vidas, dejándonos razones más comprensibles para sentirnos argentinos, pero no tengo dudas que aquellas otras, las primeras, son las que más han perdurado en mí. Imbricados en mi espíritu, todos los hechos relatados, las hazañas realizadas, las virtudes destacadas, todo ese sacrificio y esa entrega en pos de los demás, han venido a ser esa otra naturaleza en mi vida que me hace parte de esta Patria; la que me hace igual al resto de mis hermanos, hijos de este bendito país.”


 



Nota: el presente post es otra producción del “Programa Rosario Cuna de la Bandera y ciudad de la Inclusión” (Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario)

martes, 22 de agosto de 2017

La Bandera de la  Libertad Civil desfiló en la primera Marcha Evocativa



Imagen de la primera Marcha Evocativa (1957), donde se ve la réplica de la bandera legada por Belgrano.


-------------------------------------------
periódico digital "El Libertario" (Jujuy) en fecha 25 de agosto del 2015.

"Una réplica de la Bandera de la Libertad Civil desfiló en la carreta insignia de la primera "Marcha Evocativa", que tuvo lugar el 22 de agosto de 1957
.
El doctor Mario Iturbe, presidente de la "Federación Gaucha", institución que tuvo la iniciativa de realizar la recreación histórica del Éxodo de 1812, recuerda en unas memorias sobre cómo nació la "Marcha Evocativa" que la réplica de la bandera fue realizada por la profesora de Artes, Berta Garnier, quien la pintó sobre un paño blanco.

La réplica desfiló en la carreta insignia de la marcha, que era tirada por dos bueyes.

Aunque la "Bandera de la Libertad Civil" no había sido aún creada por el general Manuel Belgrano en 1812, los organizadores de la Marcha consideraron que no podía faltar en la evocación del Éxodo, con lo que ponían de manifiesto la íntima relación que existió entre la emigración de los jujeños y la creación y entrega de la enseña por el general Manuel Belgrano, en 1813, cuando los expatriados pudieron regresar al terruño, tras salvarse la Revolución en los campos de Tucumán y Salta.

El doctor Iturbe [Mataco, para los amigos] recuerda que la primera marcha partió al atardecer del 22 de agosto de 1957 desde la punta del Parque "San Martín" y llegó hasta la plaza "Belgrano", donde se habían apagado algunas lámparas del alumbrado público para una mejor ambientación, que se completó con fuegos en las calles que no eran otra cosa que tachos con querosene que se encendieron al paso de hombres, mujeres y niños.

En predios del Colegio Nacional, se habían levantado ranchos que fueron quemados “para poder dar más color a la pintura que se estaba creando”, agrega el doctor Iturbe.

La colaboración y asesoramiento del padre Germán Mallagray – señala - fue muy importante para los organizadores de la primera "Marcha Evocativa". El sacerdote se ocupó de que las campanas de la Iglesia Catedral acompañaran a la marcha doliente con sus estremecedores repiques y prestó la sotana y la Biblia para Hugo Wilde, quien encarnó al canónigo Gorriti.

En las memorias de la "Marcha Evocativa", Iturbe destacó la labor de numerosas personas e instituciones que hicieron posible montar una recreación compleja que comprometió la participación no sólo de numerosas personas, grandes y chicos, sino también de caballos, mulas, bueyes, ovejas y otros animales domésticos que le dieron gran realismo a la evocación".


Seguidamente reproducimos un fragmento de la nota "Orígenes de las marchas evocativas del Éxodo" de la Webb del "Colegio de Profesores de Historia de Jujuy" (24 de agosto de 2014) http://coprohisjujuy.blogspot.com.ar/2014/08/origenes-de-las-marchas-evocativas-del.html: 

En 1955 uno de los socios fundadores don Enrique Walter López Salgado recibió la sugerencia de su madre, doña Emerita Salgado, de realizar una marcha evocativa en homenaje al Éxodo Jujeño. Junto a otros socios como don Mario "Mataco" César Iturbe, don Abel "Chiquito" Aguiar y don Misael Soria, se realizaron reuniones,, invitaciones y gestiones para llevar a cabo esta idea.

El 22 de agosto de 1955, en las playas de Río Chico, o Xibi- Xibi se dramatizó la quema de la ciudad arrasada y el canchón de Vialidad de la Provincia de Jujuy, fue el sitio elegido para iniciar la marcha. Allí se congregaron, en su mayoría, los socios de la “Federación Gaucha Jujeña”, sus familiares y amigos. Mujeres y hombres de todas las edades, vestidos con atuendos de época, iniciaron el éxodo en carretas tiradas por bueyes, en caballos y a pie; llevando hatos, enseres y animales. Durante la presidencia de Iturbe en 1957, se realizó una reunión con miembros de la comisión directiva en la Municipalidad, convocada por el entonces intendente Horacio Calvó con la finalidad de obtener apoyo oficial para la realización.

Se logró conseguir todos los elementos con la colaboración de otras agrupaciones gauchas, como la de San Antonio, y con el apoyo de los miembros de la comisión directiva y de los asociados. 

Monseñor Germán Mallagray asesoró sobre aspectos históricos y monseñor José Gottau prestó los hábitos para representar al canónigo Gorriti. Autoridades de la guarnición militar de Jujuy y de la Policía de la provincia facilitaron los enseres y elementos para la representación de las tropas. La familia Agostini y otros asociados como la familia Burgos Carenzo, Javier Cazón y Julio Carlos Burgos pusieron a disposición carruajes, bueyes, mulas y caballos. Don Arturo Burgos llevo en una carreta a la Virgen que luego acompañaría a todas las marchas.

Algunos carros fueron transformados en carretas en las márgenes del Xibi-Xibi, allí se mojaron los cueros y las cañas, que habían sido provistas por “La Mendieta”. Los dueños, de los bueyes pusieron como condición para prestar los mismos que fueran manejados por sus boyeros. Como anécdota se puede mencionar que un grupo de asociados consiguieron convencer a un grupo de burreros que llegaban del Norte con sal y pellones de ovejas y llama para permutarlos por harina y maíz, que acampaban en las playas del río Grande, que se uniesen a la marcha.

Se incorporó a la evocación, una réplica de la “Bandera de Nuestra Libertad Civil” - que aún conserva la institución- cuya confección fue realizada por la señorita Garnier, profesora de pintura, que fue colocada en la carreta insignia. La marcha se realizó bajo una total oscuridad, llevando como única iluminación en las carretas faroles con velas

El 22 de agosto de 1957, desde los terrenos ubicados sobre avenida España y acceso a Ciudad de Nieva, partió la caravana bajando por España, Alvear hasta Senador Perez y luego por San Martín, pasando frente a la Intendencia Municipal, en donde el intendente s ofreció un brindis. Posteriormente continuaron su recorrido hasta “Casa de Gobierno”, donde depositaron una ofrenda floral en el “Salón de la Bandera” y luego prosiguieron la marcha hasta completar dos vueltas a la plaza, para desconcentrarse luego en el canchón de la Policía. Durante la marcha por la plaza las campanas de la Catedral repicaban, accionadas por el sacristán Marcial.

lunes, 21 de agosto de 2017

El  luto en las bandera corporativas


Por Miguel  Carrillo Bascary


Bandera  de la provincia de Salta   –   Bandera Oficial argentina   –   Bandera corporativa

Es costumbre universal que los sentimientos de pesar de un pueblo se manifiesten en el luto de su bandera. Ya en otras oportunidades nos hemos referido al caso en nuestro blog.

El tema se actualiza ante la reciente barbarie de los atentados extremistas en Barcelona y en otros lugares de Europa, que tienen su correlato en otros de similar o aún mayor entidad, ocurridos en  diversas latitudes. Basta reseñar: el centenar de asesinados entre los cristianos que celebraban la Pascua en la ciudad de Lahore (Pakistán, en marzo de 2016); los más de 500 de esta misma religión asesinados en Jos; Maiduguri y Dalori (el pasado agosto); la veintena de coptos que procesionaban en Egipto el pasado mayo; el incendio de la catedral católica de Katmandú (Nepal, en el mes de abril); la masacre de 86 personas en diversos pueblos del Norte de Nigeria (Maiduguri y Dalori) en el pasado agosto; las reiteradas matanzas acontecidas en México atribuidas al narcotráfico y a la inmigración ilegal; entre otros muchos casos similares que también deberían conmovernos.

Además, justifica la declaración de duelo oficial por la muerte de una personalidad pública o por un luctuoso saldo de tragedias naturales.

La declaración oficial de “duelo nacional” implica izar a media asta las banderas que lucen en los mástiles exteriores y colocar lazos negros a las de interior. En ocasiones la normativa dispone atar los paños para impedir su vuelo.

De esta forma, la sujeción de las banderas nacionales a las reglas del luto imponen que se extienda a todas aquellas de menor jerarquía; por caso: las de organizaciones internacionales; estados subnacionales (provincias) y municipios; pero además, a las enseñas corporativas, llamadas también “institucionales”, ya sea que pertenezcan a una asociación civil; deportiva; sindical y hasta las que representen a las empresas comerciales. Esta pauta tiene toda lógica y resulta indiscutible; ante el dolor de toda una nación es natural que se refleje en todas sus expresiones sociales, públicas y privadas.


Una cuestión especial

Pero, a título de hipótesis, nada excepcional por otra parte podemos hacernos dos preguntas e intentar sus respectivas respuestas:

a) ¿es factible colocar a media asta una bandera corporativa? y

b) ¿cabe evidenciar el luto en las banderas corporativas de ceremonias?

Adelantamos respuestas positivas para ambos interrogantes. Explicaremos por qué.

Abordaremos el primer caso: puede ser la ocasión que ocurra el fallecimiento de un directivo de una empresa; de un personal caracterizado o, aún, de cualquier miembro de la planta u oficina; también de un proveedor o cliente muy querido o de significativa importancia. Podríamos ampliar la casuística aludiendo al fallecimiento de la esposa; padre o madre o hasta de un hijo de la directiva u otro miembro del personal. De tratarse de una institución deportiva, cabría disponer luto ante la muerte de un campeón o de un caracterizado veterano.

En todos estos supuestos es plenamente factible que por decisión institucional se ordene colocar la bandera corporativa a media asta.

Esta disposición podrá ocurrir en el día del sepelio o, si la pérdida fuera de alta significación (ejemplo, del presidente o fundador de la compañía), que el luto se extienda por dos o más días. Para esto no puede haber una regla estipulada, es de libre disposición de la entidad. Para instrumentarlo bastará una decisión en concreto emanada de la autoridad corporativa (ya sea por la vía escrita o aún verbal). Va de suyo que la prudencia debe primar en la cuestión.

Esto se evidenciará en la posición de la bandera particular de la corporación pero no puede extender a las enseñas oficiales, lógicamente.

En cuanto al segundo interrogante, la respuesta también será positiva. Por ejemplo, si en el salón directorio existe una bandera corporativa, es factible expresar el pesar que embarga a la empresa o institución colocándole un moño luctual adherido al paño o un tul negro en la base de la moharra.


Conclusión


Es factible expresar el pesar que experimenta una entidad corporativa mediante el luto de su bandera; sin que esto constituya mengua alguna para las enseñas oficiales.



Nota: este post es una contribución del Programa "Rosario Cuna de la Bandera y ciudad de la inclusión" de la Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario.

sábado, 19 de agosto de 2017

Emblemas Pro  Patria

Por  Miguel  Carrillo Bascary


Con este nombre se reconoce un fenómeno cívico surgido en Suiza a comienzos del pasado siglo para recaudar fondos privados con fines solidarios o altruistas. Desde 1991 lleva este nombre es una importante fundación benéfica. La exitosa metodología engendró organizaciones similares en otros países de Europa y de América.

Pro Patria fue fundada en 1909 como una organización benéfica y cultural. Los fondos que recolecta los aplica a campañas con estos fines, desde su primera colecta que se afectó a socorrer a las víctimas de una gran inundación. El éxito inicial determinó que muchas otras instituciones adhirieran a la medida.
Apoyar al movimiento Pro Patria tiene alta valoración en la Confederación Helvética, por esto las campañas se inician el 1º de agosto, día en que se celebra el día nacional suizo.
En 1940 se autorizó a los militares suizos para llevar el distintivo Pro Patria sobre el uniforme, una excepción a los rígidos cánones castrenses.
El Correo helvético se sumó prestamente y para delicia de los filatelistas tradicionalmente emite sellos y tarjetas postales Pro Patria, lo recaudado conforma un fondo para atender las campañas de la institución. 



Los fondos de Pro Patria provienen fundamentalmente de la venta de sellos postales y otros distintivos que llevan esta identificación. Mostramos algunos de particular interés para los amantes de la Heráldica y la Vexilología.



Batalla de Laupen, 1339 (ver más abajo)
El movimiento de la Cruz Roja fue reiteradamente favorecido con los fondos de Pro Patria; también usufructuaron su apoyo las mujeres de bajos recursos; los excombatientes; las organizaciones suizas del exterior; la preservación del patrimonio nacional y similares.
Algunos de los motivos elegidos exponen valores artísticos o culturales:





            Mientras que otros ponen su acento en el paisaje y las bellezas naturales, como ejemplificamos con esta serie ideada por Anne Oerle:

 
   



Como una forma de allegar mayores recursos desde 1923 se confeccionan insignias (solaperos y prendedores) que venden voluntarios; también se puedan adquirir en el Correo; oficinas públicas y en otras instituciones que apoyan el movimiento. 




Sus diseños son variables y responden a diversas motivaciones que en conjunto resalta la identidad helvética.

Asimismo se registran acuñaciones de monedas conmemorativas:



En el año 2017


La campaña del corriente año se inspira en el paisaje alpino. La pieza que mostramos presenta una irregularidad, que recuerda los montes, formando un todo con el rojo y el blanco que caracteriza la bandera nacional.

Quién produce este blog cumple en testimoniar su agradecimiento al señor cónsul honorario de Suiza para la región litoral de la República Argentina, don Paul J. Berni, que tuvo la deferencia de obsequiarle un distintivo Pro Patria durante la última celebración del 1º de agosto en Rosario (Argentina). El acto se concretó en la “Galería de Honor” del Monumento Nacional a la Bandera done se hicieron presentes autoridades municipales; miembros del cuerpo consular con asiento en la ciudad y representantes de las instituciones suizas de las región.


Sobre la bandera nacional

         Pese a la antigüedad de su uso, su origen se presta a debate. Se considera que la cruz blanca fue usada como una señal cosida a los jubones, por sobre las armaduras que usaron las tropas de varios cantones alineados en defensa de Berna en la batalla por la ciudad de Laupen (Berna) en 1339, donde enfrentaron a una coalición encabezada por Baviera. Con el tiempo la cruz blanca se transformó en un emblema que aglutinó a los contingentes de los diversos cantones. 

               Otros consideran que se originó en el blasón del cantón de Schwyz que desde el siglo XIII utiliza un blasón de gules (rojo) sin carga alguna; aunque en ocasiones incorporaba un Cristo Crucificado que a fines del siglo XV originó la carga de una cruz.  
  


           En la siguiente imagen vemos un fragmento de la batalla de Nancy (1477) contenida en las "Crónicas de Lucerna", donde la enseña de Schwyz destaca sobre la derecha.



          La bandera suiza tomó su forma actual en 1840 y junto con la del Vaticano son las únicas de forma cuadrada (proporción 1 x 1). Sin embargo, por razones de Ceremonial, también puede tener forma cuadrangular. La cruz central no es absolutamente simétrica ya que sus brazos son un sexto más largos que anchos. La legislación helvética es particularmente celosa de la forma en que se emplea su símbolo nacional.


Suiza o Helvecia

           El nombre oficial del estado es "Confederación Suiza", pero como símbolo de unidad linguística, en diversas situaciones (ej. el Correo o en la moneda) se emplea la designación latina "Helvetia" ("Helvecia", en castellano) que era la usada por los romanos para referirse a la región.


Nota: este post se inscribe dentro de las actividades del “Programa Rosario, cuna de la Bandera  y ciudad de la Inclusión”, Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario.
La  nueva bandera de Mauritania


Por Miguel  Carrillo Bascary





La bandera antigua y la nueva


Como novedad Vexilológica tenemos el cambio de la bandera de la República Islámica de Mauritania que agrega a su tradicional diseño un fimbriado rojo en sus dos lados mayores. Esta adición alude a la sangre vertida por los mauritanos en la lucha por la emancipación del poder colonial.


Referencias históricas

Su actual territorio fue objeto de disputas seculares entre diferentes etnias africanas. A comienzos del siglo XX el colonialismo europeo permitió que Francia la ocupara; luego la incorporó como colonia formal (1920); más tarde fue reconocida como “territorio de ultramar (1945). La admisión de la autodeterminación de su pueblo permitió su independencia en 1958 que alcanzó su pleno reconocimiento en 1960.

A poco de dictada su primera constitución, el 1º de abril de 1959, adoptó su bandera, verde con la media luna islámica y la estrella. Una versión indica que el diseño fue obra de su expresidente Mukthar Ould Dada.


Reformas de base

Recientes reformas políticas promovida por el oficialismo auspiciaron la supresión del Senado; la modificación del himno nacional y de la bandera. , agregándole las dos finas líneas en rojo a los lados mayores del paño. La Camara Baja aprobó la propuesta pero fue rechazada por el Senado (32 votos contra 22).
En consecuencia el presidente convocó a un referendum que indico un 86% de votos positivos sobre una concurrencia a los comicios del 54% del electorado.
Finalmente, la Asamblea nacional aprobó el cambio por 121 votos positivos contra 19 por la negativa.


Algo más

La situación política interna es ciertamente preocupante. La reciente reforma constitucional que determinó la desaparición del Senado fue denunciadoa como un avance sobre la oposición `política al gobierno. Como referencia puede consultarse https://theowp.org/mauritania-abolishes-senate-in-controversial-referendum.


Mauritania fue el último país en el mundo que abolió formalmente la esclavitud. ¡en 1981!